Lo encontró de buena mañana, subido en su pequeño taburete, pintando nubes como si tal cosa. - Hola, Gigante Verde ¿qué tal estás? - Muy bien, Pintor, dando un paseito. - Bien hecho, caminar es muy saludable. - Oye, Pintor ...¿puedo hacerte una pregunta? - Claro que si, tú dirás. - ¿porqué pintas nubes? - Es sencillo, Gigante: cada nube es el sueño de alguien y yo las pinto para que cada uno de nosotros podamos tener nuestros sueños allá arriba, siempre a la vista. - O sea que en una de ésas nubes están mis sueños? - Si, muchacho, en aquella nube pequeña que se aleja. - Demonios, y ...¿qué he de hacer, Pintor? - Síguela, amigo, y nunca la pierdas de vista.
Y allá se fué el Gigante Verde, tras sus sueños. Mientras, el Pintor sigue sobre su taburete pintando nubes y más nubes. Y nunca se cansa.
Pues nada, una versión rápida del personaje que llevamos viendo tantos y tantos años, esa obra maestra de amigo Giraud, ojalá se conserve sano muchos años, con la que hemos crecido y aprendido.